Pasear al bebé
El campo es otra buena opción para veranear con los niños, siempre y cuando a las precauciones anteriores añadamos la de aplicarles una loción antimosquitos infantil y, si ya andan, les pongamos un calzado fresquito pero cerrado, para que no se pinchen los pies con las plantas ni se golpeen los dedos con las piedrecitas.
También hay muchos juegos estupendos para practicar allí:
¡Mira cómo huele! Tanto si llevas a tu hijo en la sillita como si va andando, pasa tu mano por un arbusto aromático y acércasela para que te la huela. La experiencia le resultará muy agradable y despertará su interés por las plantas.
¿Qué suena? Paraos de vez en cuando para escuchar las hojas de los árboles movidas por el viento, el canto de algún pájaro, el “cri-cri” de un grillo, el sonido del agua que corre… Si es mayorcito podéis jugar a adivinar qué es exactamente lo que suena.
La bolsa de los tesoros. Antes de salir de casa para dar un paseo, acuérdate de coger una bolsa para ir guardando los tesoros que os encontréis. Vale casi todo: piedrecitas de colores, piñas, flores, cortezas de los árboles… Si tu hijo aún es bebé, disfrutará viéndote y observando lo que coges, y si es mayorcito se lo pasará genial ejerciendo el papel de un intrépido explorador.
Pide un deseo. En vuestras caminatas no puede faltar la petición de deseos. Coge los dientes de león que os vayáis encontrando y enseña a tu hijo a soplarlos. Si es “mayor”, dile que lo haga con los ojos cerrados al tiempo que pide un deseo. Así el paseo se convertirá en una experiencia realmente mágica.
¡Me haces cosquillas! Hay plantas que parecen verdaderos plumeros. Coge ramitas de alguna que sea de tacto suave y pásaselas a tu hijo por las piernas y el cuello. Se partirá de risa, al tiempo que estimulas su sentido del tacto y le haces más consciente de su cuerpo.
¿Qué ves? En el campo, el tradicional juego del “veo veo” se vuelve mucho más interesante. Haz que tu hijo se fije en las cosas de color rojo, luego en las amarillas y luego en las marrones. Es un modo de lo más eficaz de enseñarle los colores y de potenciar su atención.
Mariquita, mariquita. Seguro que por el campo os encontráis alguna mariquita. Cógela y póntela en la mano para que te recorra los dedos. A tu hijo le parecerá que es listísima. Si no le asusta, pónsela en su mano para que la mariquita se “pasee” por ella.
¡Piedra va! Si pasáis por algún río, charca o laguna, anima a tu hijo a tirar piedras al agua. Se sorprenderá al ver las ondas que dejan en la superficie.
Como ves, hay cientos de juegos que te permitirán disfrutar momentos preciosos con tu hijo, ahora que el tiempo es estupendo e invita a salir fuera. No dejes pasar la oportunidad. Merece la pena.






